Por: Carlos Diaz.
Santo Domingo, R.D.
En los pasillos del Palacio Nacional y en las esquinas donde late el corazón del Partido Revolucionario Moderno (PRM), hay un nombre que se repite con una mezcla de respeto y reclamo: Alberto Atallah.
No es solo por su impecable hoja de vida como empresario y exfuncionario, sino por lo que representa para la estructura viva de la organización: la lealtad que aún espera su lugar justo en el tren gubernamental.
El «Olfato» de Base que falta en el Gabinete
Mientras la tecnocracia a veces parece enfriar la relación del Gobierno con su gente, Alberto Atallah se mantiene como un puente de carne y hueso.
A diferencia de otros, Atallah no ha permitido que su prestigio empresarial o su éxito en el sector financiero lo aíslen de los «compañeros» de base.
Hoy, la militancia perremeísta lo aclama. En cada rincón del país, los dirigentes zonales y municipales ven en él a un hombre que «huele a pueblo», que conoce las necesidades de los cuadros políticos y que tiene la capacidad de traducir el éxito macroeconómico en bienestar social.
Un legado de lealtad sin fisuras
La historia del PRM no se cuenta igual sin la figura de Atallah. Desde su paso como Superintendente de Bancos hasta su rol en la Dirección Ejecutiva del partido, su trayectoria ha sido una línea recta de coherencia.
Prestigio Social: Respetado por la cúpula empresarial por su visión técnica.
Legado Político: Un estratega que ha sacrificado aspiraciones personales por la unidad y el triunfo del proyecto de Luis Abinader.
Dirigió la campaña del PRM en el D.N., en 2020 y 2024, con resultados nunca antes vistos.
Capacidad de Gestión: Su experiencia en el Ministerio Administrativo de la Presidencia es recordada por su eficiencia operativa.
¿Cuándo llegará el reconocimiento?
La pregunta que circula en las bases es clara: ¿Por qué un activo de la talla de Atallah no ocupa hoy un puesto de mando estratégico? Existe una percepción de «deuda acumulada».
En política, el trabajo y la lealtad deben ser retribuidos no solo por justicia, sino por salud institucional.
El Gobierno necesita funcionarios que tengan la confianza de los mercados, pero también el respaldo de las masas.
Atallah es de los pocos que marca ambas casillas. Sus seguidores no piden un favor; exigen que el talento y la entrega de uno de sus líderes más queridos sean puestos al servicio del Estado en un cargo que esté a la altura de su capacidad.
El veredicto de la calle
Alberto Atallah ha demostrado que sabe esperar, que es un hombre de partido y de Estado.
Sin embargo, el clamor de las bases es cada vez más difícil de ignorar. Un liderazgo con su prestigio social y su cercanía humana es, en estos momentos, el oxígeno político que la gestión pública requiere para seguir conectada con quienes la llevaron al poder.
Es hora de que la deuda se salde y que el legado de Atallah encuentre el espacio que el partido, su base y el país demandan.

