Por: Carlos Diaz.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), fundado bajo la promesa de renovar las prácticas democráticas en la República Dominicana, enfrenta hoy una creciente tensión interna.
La formación de una comisión de consenso para dirigir la renovación de sus autoridades ha despertado críticas entre diversos sectores de la base, quienes ven en esta medida un intento de imponer acuerdos de aposento por encima de la institucionalidad que representa la Comisión Nacional Organizadora de la Convención.
El debate entre el «acuerdo» y la base
Actualmente, una comisión encabezada por figuras como Andrés Bautista, Samuel Pereyra, Darío Castillo y Sigmund Freund trabaja en la generación de consensos para los cargos internos que deberán renovarse entre junio y septiembre de 2026.
Sin embargo, esta estrategia de «acuerdos previos» ha generado rechazo en provincias como Peravia, donde dirigentes y militantes han exigido formalmente una convención interna abierta y democrática.
Los críticos argumentan que:
Vulnera los principios democráticos: Al priorizar el consenso de la cúpula, se limita la participación directa de los inscritos en el padrón.
Retrasa la institucionalidad: La creación inmediata de la Comisión Nacional Organizadora (o de Elecciones Internas) es vista como el paso legal y estatutario correcto para garantizar un proceso transparente, en lugar de comisiones de acuerdos que operan fuera de ese rigor organizativo.
Falta de democracia participativa: Dirigentes locales han manifestado su rechazo categórico a cualquier intento de imponer mecanismos de consenso que ignoren la voluntad de las bases.
La sombra de la convención de delegados
El malestar no es nuevo. Ya en 2022, la decisión de utilizar la modalidad de convención de delegados en lugar de primarias abiertas generó fricciones con aspirantes que denunciaron que estos métodos coartan la libertad de elección del perremeísta de a pie.
Para muchos, repetir esquemas de «comisiones de acuerdo» antes de establecer el órgano rector de la convención es una señal de que el partido oficialista prefiere la unidad controlada antes que la efervescencia democrática.
El reto de cara al 2026
Con la mira puesta en la reestructuración de mediados de 2026 y la posterior selección de candidatos para 2028, el PRM se encuentra en un punto crítico.
Mientras la alta dirección defiende el consenso como una herramienta de madurez política y estabilidad para el gobierno, los sectores disidentes advierten que sacrificar la democracia interna en aras de evitar conflictos podría debilitar la identidad de una organización que nació, precisamente, para diferenciarse del autoritarismo de otros partidos.
La pregunta que queda en el aire entre los pasillos de la Casa Nacional es clara: ¿Se impondrá la «pax partidaria» mediante acuerdos de cúpula, o se permitirá que la Comisión Organizadora abra las urnas para que la base decida su propio destino?

